La señora Dalloway

La señora Dalloway

La señora Dalloway, de Virginia Woolf

Austral | 2021 | 240 páginas

#Modernismo #MonólogoInterior #Clásicos

5/5

«Pero, dijo Clarissa, sentada en el autobús que ascendía por Shaftesbury Avenue, ella se sentía en todas partes; no «aquí, aquí, aquí»; y golpeó el respaldo del asiento; sino en todas partes. Clarissa agitó la mano, mientras ascendían por Shaftesbury Avenue. Ella era todo aquello. De manera que, para conocer a Clarissa, o para conocer a cualquiera, uno debía buscar a la gente que lo completaba; incluso los lugares.»

Clarissa Dalloway es una mujer de cincuenta y dos años de la alta sociedad londinense, casada con un diputado conservador del parlamento británico y madre de una hija adolescente. Un día de junio de 1923, se prepara para dar una fiesta en su casa aquella misma noche. Allí se rencontrará con amigos que hace muchos años que no ve. Mientras pasea por las calles londinenses ultimando los preparativos, Clarissa se encuentra inmersa en sus propios recuerdos y examina las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida, como su romance de infancia con Peter Walsh.

La señora Dalloway era uno de los clásicos que más tiempo llevaban en mi lista de pendientes, después de un infructuoso intento de lectura hace ya varios años. Por entonces, me temo, mis sensibilidades literarias no estaban lo bastante desarrolladas como para entender la complejidad y sutileza de esta obra. Porque es una lectura exigente: incluso un siglo después de su publicación, su estructura basada en el monólogo interior continúa siendo novedosa.

Con una narración que alterna entre varios personajes, saltando de una perspectiva a otra de manera libre, La señora Dalloway consigue crear un relato coral que profundiza con maestría en las relaciones y sentimientos humanos. La mayor parte de la novela se divide entre el punto de vista de la protagonista titular, Clarissa Dalloway, y el veterano de guerra Septimus Warren.

Este personaje, y la enorme empatía que se desprende de la descripción del trastorno de estrés postraumático que le aqueja, son uno de los aspectos más reseñables de la novela. Virginia Woolf, que también sufría de problemas de salud mental, es pionera en denunciar la falta de apoyo y comprensión que sufrían estos pacientes y la inadecuada atención profesional que recibían de una comunidad médica todavía muy ignorante y prejuiciosa en este campo.

Por casualidad, compaginé la lectura de La señora Dalloway con otra obra que también recurre a este «torrente de conciencia», Big Sur. Y aunque esta novela de Jack Kerouac tiene sus méritos, la verdad es que el uso que hace el autor de este recurso narrativo, enfocado hacia sí mismo, palidece en comparación con la capacidad de Virginia Woolf de convertirlo en un medio para explorar la psicología individual de sus personajes.

Woolf entreteje una serie de instantes que se suceden a lo largo de un único día de junio, en la vida de personas ordinarias con sus propias preocupaciones. Las idas y venidas de los personajes y los momentos en que cruzan son una excusa para sumergirnos en sus pasados y descubrir sus pasiones, miedos y esperanzas más íntimas. Aunque algunos personajes solo ocupan la voz narrativa durante unas pocas páginas, Woolf consigue dibujar sus personalidades con claridad.

Los aspectos que más me han gustado de La señora Dalloway son su innovación estilística, el lirismo en la manera de narrar de Virginia Woolf y, sobre todo, su capacidad de empatía. Creo que Woolf era una novelista que entendía profundamente a las personas, y que contaba con una capacidad crítica adelantada a su tiempo en cuanto a preocupaciones feministas y sociales. Juntando estas dos virtudes, en La señora Dalloway consigue alcanzar un equilibrio muy difícil: apelar al intelecto de los lectores, sin dejar de remover el corazón.

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Elena

Mis cosas: dramas de época 🎬, libros 📚, demasiado café ☕ y siestas que te dejan más cansadx que antes 😴.

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