La inquilina de Wildfell Hall

La inquilina de Wildfell Hall

La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brönte

Alba Editorial | 2017 | 608 páginas

#Feminismo #Clásicos #Brönte

4/5

«Los modestos talentos que Dios me ha dado los pondré con todas mis fuerzas al servicio de su más alta utilidad; no sólo quiero entretener sino también beneficiar; y cuando sienta que es mi deber decir una verdad desagradable, con la ayuda de Dios, la diré, aunque sea perjudicial para mi nombre y vaya en detrimento del placer inmediato del lector y del mío propio.» 

Anne Brönte, Prefacio de la segunda edición de La inquilina de Wildfell Hall

Tras muchos años de abandono, la ruinosa mansión de Wildfell Hall es habitada de nuevo por una misteriosa mujer y su hijo de corta edad. La nueva inquilina –una viuda, al parecer –no tarda, con su carácter retraído y poco sociable, sus opiniones a menudo radicales y su extraña, triste belleza, en atraer las sospechas de la vecindad, y a la vez la rendida admiración de un joven e impetuoso agricultor. Pero la mujer tiene, en efecto, un pasado… más terrible y tortuoso si cabe de lo que la peor de las murmuraciones es capaz de adivinar.

La inquilina de Wildfell Hall es la segunda y última novela de Anne Brönte, publicada en 1848. Con un formato epistolar, arranca con la llegada de la viuda Helen Graham a una pequeña localidad rural inglesa en el otoño de 1827, acompañada solo de su hijo de cinco años y de su criada Rachel. Un joven vecino, Gilbert, se sentirá atraído hacia la misteriosa y decidida mujer, pero en su intento de conquistarla empezará a descubrir secretos de su pasado que amenazan con arruinar su futuro juntos.

Aunque creo que La inquilina de Wildfell Hall es una obra notable, reconozco que no me ha gustado tanto como esperaba. En primer lugar, el formato epistolar que ya he mencionado (Gilbert relata los acontecimientos a través de cartas a un cuñado totalmente ajeno a la trama) no aporta ningún interés a la historia y si acaso solo sirve para enrevesarla. Además, la novela inserta más de doscientas páginas del diario personal de Helen, casi la mitad de la longitud del libro, además de varias cartas escritas por ella. Con lo cual nos encontramos con una narración dentro de una narración dentro de una narración… Sin que esta decisión parezca tener mucho sentido.

Investigando un poco sobre la obra en su contexto he leído que ese recurso de relato-marco era popular en la época, por lo que Anne quizá solo estaba siguiendo una moda literaria. El formato sí tiene una ventaja: nos permite conocer la voz de Helen en primera persona, y su testimonio desgarrador del matrimonio tóxico en el que se ve atrapada.

Mi otro gran pero de esta novela es el personaje de Gilbert. La verdad es que las hermanas Brönte tenían la capacidad de crear heroínas fascinantes, pero sus intereses amorosos masculinos suelen ser mucho menos admirables. Gilbert se presenta como un hombre engreído y celoso, y no me parece que esté a la altura de la protagonista femenina como narrador de la novela, o como héroe romántico.

A favor de Anne hay que decir no obstante que tan solo tenía 28 años cuando se publicó este libro (y fallecería trágicamente al año siguiente), y que muestra una increíble madurez no solo en la escritura sino en los temas que aborda y la manera en que los presenta. Su descripción sin tapujos del maltrato que sufre la protagonista a manos de un hombre violento, alcohólico y manipulador fue considerada de mal gusto por sus contemporáneos, pero a día de hoy podemos apreciar plenamente lo valiente y necesarias que son esta clase de historias.

¡No en vano La inquilina de Wildfell Hall ha sido descrita como una de las primera novelas feministas! Porque, además de dar voz a una víctima de violencia de género, Anne Brönte la empodera de una manera casi inconcebible en la época: Helen abandona a su marido y se lleva a su hijo con ella, dispuesta a ganarse la vida por sí misma con sus habilidades como pintora. Y aunque para mí el gesto se trunca un poco cuando regresa a cuidarlo en su lecho de muerte (es una novela bastante religiosa y tiende a presentar a Helen como una mártir beata), no por ello pierde en importancia y rebeldía.

La historia de La inquilina de Wildfell Hall tiene una particularidad: sin saberlo, muchos lectores han leído una versión «mutilada» del texto original. Los duros temas de la novela escandalizaron de tal manera a la puritana e hipócrita sociedad victoriana que, tras la muerte de Anne, Charlotte Brönte decidió no reeditarla por miedo al impacto que pudiera tener en la memoria de su hermana. Sin embargo, una editorial publicó en 1854 su propia edición de la novela tras haber introducido numerosos cambios, eliminando o cambiando de orden varios pasajes; y esta se ha ido replicando a lo largo del tiempo.

Si quieres asegurarte de que disfrutas de la novela tal y como la ideó la propia Anne, busca ediciones basadas en la «Clarendon Edition» de Oxford University Press, que además incluye el prefacio que la autora agregó a la segunda edición de La inquilina de Wildfell Hall en respuesta a las críticas que había recibido la obra, y que es todo un manifiesto feminista y por la libertad creativa. La edición de Alba Editorial que menciono aquí, por ejemplo, es una traducción de este texto.

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Elena

Mis cosas: dramas de época 🎬, libros 📚, demasiado café ☕ y siestas que te dejan más cansadx que antes 😴.

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