La maldición de Hill House

La maldición de Hill House

La maldición de Hill House, de Shirley Jackson

editorial minúscula | 2019 | 272 páginas

#Terror #Fantasmas #Adaptaciones

4.5/5

«—No puede entrar —murmullaba Theodora una y otra vez, con los ojos clavados en la puerta—, no puede entrar, no le dejen entrar, no puede entrar…
Las sacudidas se detuvieron, la puerta quedó inmóvil, y un pequeño roce como una caricia recorrió el pomo, tanteando con delicadeza e intimidad, y luego, como la llave estaba echada, palpando y acariciando el marco, como intentando seducirlo para que le permitiera entrar.
—Sabe que estamos aquí —susurró Eleanor…»

Cuatro personajes llegan a un viejo y laberíntico caserón conocido como Hill House. Son el doctor Montague, un estudioso de lo oculto que busca pruebas de fenómenos psíquicos en casas encantadas, y tres personas a quienes el doctor ha reclutado para llevar a cabo un experimento. A pesar de las reticencias de su familia, Eleanor, una joven algo atormentada y de pasado infeliz, acabará formando parte de la singular comitiva. Los otros son Theodora, con quien Eleanor establece un fuerte vínculo inicial, y Luke, el heredero de la casa. Pronto todos deberán enfrentarse a situaciones que están más allá de su comprensión. Hill House parece estar preparándose para escoger a uno de ellos y hacerlo suyo para siempre.

La maldición de Hill House narra el experimento del doctor John Montague en busca de pruebas de «perturbaciones psíquicas» en la casa que da título a la obra. Para ello recluta la ayuda de la protagonista, Eleanor, una mujer solitaria que ha experimentado previamente fenómenos tipo poltergeist;  Luke, heredero de Hill House; y Theodora, una extrovertida joven con capacidades telepáticas. Con el objetivo de documentar los fenómenos que llevan produciéndose en la casa desde hace décadas, los cuatro deciden pasar varios días alojados allí… Con, como cabe imaginar, consecuencias catastróficas.

Este fue el primer libro de terror dirigido a un público adulto que leí, años después de mi obsesión adolescente por la serie juvenil Pesadillas, de R. L. Stine. Me decidí a hacerlo tras ver la adaptación al cine de 1963 de Robert Wise (que ya he recomendado en el blog) y adentrarme en la obra de Shirley Jackson de la mano de sus relatos cortos.

Considerada una de las obras del género más destacadas del siglo XX, la serie de televisión del mismo nombre producida por Netflix (aunque es una adaptación muy libre de La maldición de Hill House) volvió a ponerla de actualidad hace un par de años.

Una de las cosas que más destaca de esta novela es cómo lleva el tópico de la casa encantada un paso más allá: la presencia oscura que acecha en Hill House no es un fantasma o demonio ligados al lugar, sino que es la propia mansión. El edificio está imbuido desde sus cimientos de maldad, que alcanza incluso a los terrenos colindantes. Construida por el siniestro Hugh Crain y marcada por la trágica muerte de sus dos esposas, Hill House parece haber desarrollado una conciencia propia, malévola, capaz de apoderarse de las de otros.

Aunque la autora aseguró que La maldición de Hill House es sin lugar a dudas una historia de fantasmas, podría perfectamente ser descrita como una obra de terror psicológico. Esta ambigüedad —el no saber si los acontecimientos que se narran suceden en realidad o son alucinaciones sufridas por unos personajes cuya psique se tambalea— dotan a la novela de gran tensión y de múltiples lecturas que nos dejan reflexionando tiempo después de haberla cerrado.

Las escenas de terror de la novela son pocas, bien escogidas y magistralmente descritas. Ninguna de ellas hace uso de la violencia gráfica: Shirley Jackson sugiere en vez de mostrar, e incluso oculta información al lector para desorientarlo. La novela se vale más de la sensación de angustia y opresión para construir la amenaza de Hill House que de la presencia explícita de lo sobrenatural.

Personalmente encuentro la atmósfera gótica que Jackson cultiva en La maldición de Hill House mucho más inquietante que las descripciones morbosas o grotescas propias de las variantes más gore de la literatura de terror. Pero, sobre todo, esta novela me ha gustado porque me ha parecido muy inteligente (algo que no siempre se cultiva en el género, que tiende a buscar reacciones más viscerales en el lector).

Hill House puede ser entendida como una manifestación deformada de la mente de la protagonista, torturada por el rencor y la soledad. Llegamos a sospechar que es la propia Eleanor, dotada de habilidades psíquicas, la que provoca los fenómenos paranormales. Pero también podrían ser solo el resultado de la autosugestión, de la histeria colectiva o de la paranoia. ¿Y qué hay más terrorífico que cuestionar toda nuestra percepción, que empezar a sospechar que nuestros sentidos nos traicionan, que todo está en nuestra cabeza? Quizá por eso Eleanor nunca logra escapar de Hill House: porque no puede huir de sí misma.

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Elena

Mis cosas: dramas de época 🎬, libros 📚, demasiado café ☕ y siestas que te dejan más cansadx que antes 😴.

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