La dependienta

La dependienta

La dependienta, de Sayaka Murata

Duomo Nefelibata | 2019 | 176

#Japón #Expectativas #Sociedad

4/5

«En el interior de aquel nítido acuario, la tienda seguía funcionando como un mecanismo automático. Al visualizar aquel escenario, los sonidos de la tienda resurgían dentro de mis tímpanos, me tranquilizaban y me ayudaban a conciliar el sueño. Por la mañana volvía a convertirme en una dependienta, un engranaje de la sociedad. Aquel trabajo era lo único que me permitía ser una persona normal.»

Keiko Furukura tiene 36 años y está soltera. De hecho, nunca ha tenido pareja. Desde que abandonó a su tradicional familia para mudarse a Tokio, trabaja a tiempo parcial como dependienta de una konbini, un supermercado japonés abierto las 24 horas del día. Siempre ha sentido que no encajaba en la sociedad, pero en la tienda ha encontrado un mundo predecible, gobernado por un manual que dicta a los trabajadores cómo actuar y qué decir. Ha conseguido lograr esa normalidad que la sociedad le reclama: todos quieren ver a Keiko formar un hogar, seguir un camino convencional que la convierta, a sus ojos, en una adulta.

De pequeña, Keiko Furukura era un poco rara. Sus padres la llevaron al psicólogo para intentar “curarla” de sus rarezas y que pudiera integrarse en la sociedad, y parecía haber funcionado cuando Keiko se mudó a Tokio para estudiar en la universidad y comenzó a trabajar por horas en una konbini. Pero una vez más nuestra protagonista se apartaría del camino que la sociedad había labrado ella: en el Smile Mart frente a la estación de Hiiro había encontrado su sitio en el mundo, y ya no se marcharía.

La dependienta es la décima novela de Sayaka Murata, y la primera que ha dado el salto al panorama internacional tras haber ganado el premio literario más importante de Japón, el Akutagawa. Una obra que explora las limitantes expectativas que la sociedad japonesa proyecta sobre las mujeres solteras, pero que contiene un mensaje universal sobre los “manuales” invisibles sobre cómo ser normal a los que nos plegamos sin darnos cuenta.

La protagonista de La dependienta podría, en un primer momento, parecer una persona conformista. Su ambición no va más allá de trabajar por horas en el mismo sitio, cobrando lo suficiente solo para permitirse un diminuto apartamento, y centrando la mayor parte de sus pensamientos y esfuerzos en sus labores en la tienda. Pero si nos paramos a pensar en lo lejos que está su modo de vida de lo que la sociedad define como “éxito” profesional o personal, y cómo pese a ello Keiko se aferrará con uñas y dientes a la existencia que la hace feliz, nos damos cuenta de lo realmente rebelde y valiente que resulta, al final, ser uno mismo.

Keiko no es un personaje con el que necesariamente lleguemos a identificarnos (aunque creo que todos, alguna vez, hemos sentido que no encajábamos como o donde debíamos), pero sí con el que podemos empatizar. Y esa es la clave: una persona no tiene que ser como la mayoría de nosotros, o comportarse como otros lo harían en su lugar, para reclamar su derecho a ser feliz y vivir según sus propias normas.

Hay un humor tan afilado como discreto en la escritura de Sayaka Murata, que muestra el absurdo de muchas de las normas sociales que seguimos ciegamente. Cuando la protagonista anuncia a sus conocidos que ha comenzado a vivir con un hombre (su excompañero de trabajo Shirahara, otro inadaptado social pero sin pizca del encanto de Keiko), todos reaccionan con inusitada alegría y le dan la enhorabuena. Sin ni siquiera haber conocido al hombre en cuestión, o peor aún, pese a conocerlo y saber que se trata de una persona misógina, aprovechada y desagradable. Pero eso parece no importar. La cuestión es que Keiko está más cerca de ser “normal” si, como mujer de 36 años, está emparejada.

Esta normalidad que la sociedad nos impone se desvela no como el camino a la felicidad, sino una meta en sí misma que, de hecho, muchas veces nos aparta de esta. La autora muestra cómo ceñirse a las convenciones sociales es algo que terminamos haciendo para contentar a otros, en un intento por ser aceptados. La dependienta nos lleva a reflexionar sobre estas rígidas normas que nos han impuesto, y que al mismo tiempo estamos imponiendo a otros. Al fin y al cabo, no hay nada de malo en la vida que ha elegido Keiko, aunque sea una existencia pequeña, cotidiana, humilde: ella es feliz así.

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Si te gustan las heroínas que se salen de la norma, reírte del absurdo de las expectativas que nos impone la sociedad, y asomarte a una manera de ser y pensar diferente que sigue su propia lógica.
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Elena

Mis cosas: dramas de época 🎬, libros 📚, demasiado café ☕ y siestas que te dejan más cansadx que antes 😴.

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