Apegos feroces

Apegos feroces

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Sexto Piso | 2017 | 200 páginas

#Memoria #Madre #Nueva York

4.5/5

“Si mi madre no era capaz de identificar en otra mujer reacciones a un marido o un amante que duplicasen las suyas, no lo consideraba amor. Y el amor, decía, lo era todo. La vida de una mujer estaba determinada por el amor. Cualquier indicio que probase lo contrario —y las pruebas, de hecho, abundaban— era descartado e ignorado por sistema, tachado de su discurso y vetado por su intelecto.” 

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre; el otro, el de Nettie. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Apegos feroces es la memoria de la periodista y ensayista Vivian Gornick, en la que traza un recorrido a través de su infancia, juventud y edad adulta vehiculado por un lazo que lo ha condicionado todo: el que la une a su madre. Publicada originariamente en 1987, no fue traducida al español hasta el año 2017 por la editorial Sexto Piso.

La relaciones maternofiliales son un tema habitual en la literatura, y una explicación quizá incluso manida a las diferentes neurosis de los autores, pero Apegos feroces se desmarca del resto por su honestidad y por una aguda capacidad de análisis. La neoyorquina recompone las motivaciones y el carácter de los personajes que han marcado su vida, incluyendo los suyos propios, con enorme claridad pese a la cercanía emocional inevitable en una autobiografía.

Alternando entre el momento presente, en el que pasea por las calles de Nueva York junto a su madre de setenta y siete años, y diferentes momentos de su pasado que resultaron determinantes en su trayectoria vital: su infancia en un humilde bloque de pisos en el Bronx, inmersa en la comunidad judía, la muerte de su padre, su matrimonio, la relación con un hombre casado… Pero todo ello es, en realidad, una exploración del impacto clave que han tenido en su personalidad e incluso en sus decisiones las mujeres de su entorno y el tormentoso pero constante vínculo que la une a su madre.

Esta es una persona compleja, que se nos presenta como excesiva en sus emociones, sus reacciones pasionales y sus tajantes ideas. Sin embargo, Gornick hace un sincero ejercicio de empatía hacia este personaje que nos permite vislumbrar también a una mujer inteligente, cuya curiosidad e intelecto se ven ahogados por la claustrofóbica rutina de la domesticidad. Pese a las duras críticas que la autora vierte contra su progenitora, resulta difícil no sentir un atisbo de empatía por alguien que, como la propia Gornick, es heredera hasta cierto punto de los condicionamientos sociales de género o clase del momento, el lugar y el entorno en que le tocó vivir.

La otra figura que recupera Gornick es la de Nettie, una vecina que enviuda joven y que muestra una actitud mucho más liberada hacia las relaciones sexuales de lo que la época aceptaba, pero que carece de aptitudes para la maternidad. Como la escritora admite, le ha llevado treinta años entender cuánto las entendía. La mirada retrospectiva de Gornick es un ejercicio de comprensión de cómo sus ideas en torno al amor, el sexo y el matrimonio son, en gran medida, una herencia.

Lo que más me ha gustado de esta obra, además de esa brutal pero brillantemente razonada sinceridad que ya he mencionado, es el equilibrio que consigue entre lo personal y lo universal. La historia de Gornick está profundamente determinada por sus circunstancias: por el escenario, una ciudad de Nueva York que es casi un personaje y encarna las aristas y cambios de la sociedad estadounidense; y por la época –desde los restrictivos años 40 y 50 de su juventud hasta las revoluciones civiles y de pensamiento crítico de los 70, a las que la propia Gornick contribuyó significativamente desde el movimiento del feminismo radical.

Pero al mismo tiempo, su cartografía de cómo nos forman las personas de nuestra infancia, especialmente la figura materna, de maneras más profundas y con repercusiones mayores de lo que podíamos creer, es una perla de sabiduría que todo lector puede recibir de manos de Gornick. La disección que hace de los ideales de amor romántico que las mujeres interiorizamos y después cargamos sobre las siguientes generaciones es brillante, como también lo son las reflexiones que intercala sobre el proceso creativo. Incluso el lector más distinto a la autora, separado por décadas, culturas o experiencias familiares, podrá encontrar puntos de identificación e introspección en una obra como Apegos Feroces.

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Te gustan las autobiografías honestas y reflexivas, que no tienen miedo a desnudar las experiencias humanas más íntimas y, al mismo tiempo, universales.
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Elena

Mis cosas: dramas de época 🎬, libros 📚, demasiado café ☕ y siestas que te dejan más cansadx que antes 😴.

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